martes, 17 de marzo de 2026

¿Quién me ha robado el mes de abril?

Papá,

En tu cumpleaños me dijo mi mamá que te he olvidado. Que ya van dos años en los que por tu cumpleaños y por tu aniversario he olvidado llevarte flores. Según mis cálculos, han sido dos ocasiones, en los dos años anteriores, pero es enteramente posible que ella tenga razón y yo no, porque esos dos años los pasé intentando sobrevivir entre mis responsabilidades personales y laborales, ignorando mi estado emocional, con tal de mantenerme a flote. Ese tiempo es posible que me haya olvidado un poco de tu muerte (mas nunca de tu ausencia). ¿Me hace eso mala hija?

Te lo pregunto porque esa afirmación de mi mamá me provocó el impulso de defenderme como gata panza arriba, con la fiereza que tenía de adolescente. Tal vez fue una simple observación, tal vez fue una observación que encubría un regaño o un reclamo, porque para ella estás siempre presente. Tal vez lo que sentí fue culpa y la encubrí de enojo. Tal vez reaccioné al viejo vicio de querer la aprobación de ustedes, como cuando niña.

Son muchos "tal vez", pero cuando se trata de ella, es todo lo que tengo siempre.Tú la conociste mejor de lo que yo podré hacerlo alguna vez y te envidio por eso, así como la envido a ella por conocerte a ti. Para mi son papá y mamá, y a veces saberlos eso no me es suficiente.  Con ella no sé cómo conocerla más y contigo no me queda más que imaginarte y reconstruirte en lo poco que otros me hablan de ti.

Y no me basta.

No me basta porque con el tiempo, he notado que me cuentan las mismas cosas, cada vez más barnizadas de nostalgia. Hay una pátina de idealización en sus palabras que me molesta. No porque no hayas sido lo que dicen que fuiste, sino porque te desdibujas cada vez más, y todos esos detalles que te hacían tú y que no llegué a conocer, se va difuminando, dejando solamente tu silueta en la memoria.

Es posible que me haya olvidado un poco de tu muerte, porque te me estás haciendo de niebla. Tu risa ya no suena en mis recuerdos, tu voz ya  no sé si la reconocería.

Te me estás deshaciendo en la memoria, como abril se me deshizo con tu muerte. 

Pero no por eso te olvido. 

Te sigo encontrando en todas partes.

En las manos de mi hijo.

En la mirada de mi hija.

En el abrazo de mi tío.

En el petirrojo que canta cuando te pienso.

En el colibrí que llega cuando te lloro.

En los retazos de canciones que de la nada me rondan la cabeza. 

En los libros que dejaste.

En mi cara transformada en la tuya cuando río.


Es posible que me haya olvidado un poco de tu muerte, pero nunca de ti ni de tu ausencia.